9 may 2007

Crónica de un final Anunciado

Al parecer, todo nos conduce indefectiblemente al mismo lugar. Como dijo Karl Marx, “la historia se repite: primero como tragedia y luego como farsa”. El clamor popular no logró plasmar, en los hechos, el “que se vayan todos” y nos conformaron con el retiro de algunos viejos dinosaurios de la política. Pero, ante los hechos que hoy nos toca vivir, podemos deducir que nos espera el mismo destino. Más similitudes que diferencias, nos muestran que recorremos el mismo triste y doloroso camino que nos llevo a la debacle “delarruista” del 2001.

Como primer punto de anclaje en la comparación, encontramos las políticas económicas. Durante la década de los noventa se desmanteló la pobre industria nacional que había logrado sobrevivir a los azotes de la trágica dictadura de 1976-1983. Se privatizaron empresas, lo que desembocó en despidos masivos, bajo la excusa de que eran empresas deficitarias. Hoy estas empresas no solo siguen siendo privadas, sino que cubren sus deficitarios balances con subsidios millonarios brindados por el estado y por supuesto no generan trabajo, sino empleos mal pagos y nefastas condiciones laborales.

Seguramente alguien me dirá que hoy las petroleras no son subsidiadas, ni dan pérdidas. Pero, mientras antes de los noventa, la explotación de los hidrocarburos era potestad casi exclusiva del estado, hoy el estado obtiene solo el 12% de la renta petrolera, el resto se lo llevan las empresas. Cobramos las regalías más bajas del mundo. Para establecer parámetros comparativos, Perú obtiene cerca del 33% de la explotación de sus recursos hidrocarburíferos y Bolivia el 80%. Como si esto fuera poco, los encargados de controlar la cantidad extraída por parte de las empresas son… las mismas empresas. Aunque parezca dulce ficción, es la amarga realidad.

Otro de los frentes, en los que el gobierno no ha hecho nada por superar la crisis que termino con el derrumbe radical del 19 y 20 de Diciembre de 2001, es la educación. Caballito de batalla en la próxima contienda electoral. Aunque sigamos escuchando huecas palabras y falsas reformas educativas, los hechos son inapelables. El presupuesto educativo es el más bajo de la historia, aún más que durante la década de los noventa, y los maestros tienen que salir, al igual que durante el “menemato”, a pelear por sus sueldos a la calle, a cortar rutas, a hacer huelgas de hambre, a dormir en carpas docente o cualquier otro tipo de medida que logre llamar la atención de un gobierno cada vez más autista.

La herida sigue abierta. El diagnostico es claro y el remedo sencillo: Distribución de la riqueza. La historia clínica nos muestra una clara patología que cada vez se profundiza más. En este sentido, también las cifras son alarmantes. En 1992, según el INDEC, la pobreza en nuestro país llegaba al 18% y la indigencia al 3%. Hoy, con un crecimiento económico del 40% en los últimos cuatro años, estos indicadores llegan al 27% y 9% respectivamente. Si la economía crece y los índices de pobreza e indigencia continúan en cifras impresionantes: ¿A dónde va a para el famoso “superávit fiscal”?

Esto da sobradas muestras de que el gobierno no se decide a resolver los problemas de fondo, lo que nos conduce a otro fracaso, el mismo que vivimos hace ya más de 5 años. Trazando una línea histórica, podríamos decir que en Argentina ya hemos vivido la “tragedia” menemista, y hoy estamos viviendo la “farsa” kirchnerista. Pero no todo está perdido. Podemos invocar a Marx por segunda vez cuando dice que “somos nosotros quienes construimos la historia”. Por ende, el desenlace de esta historia tiene solo un protagonista: El pueblo argentino.

Este texto fue realizado para la cátedra Lengua y Discurso III, por lo tanto está realizado bajo determiadas premisas: Texto Argumentativo. Analogía por similitud.